En Pascua, mi papá les dio regalos a todos menos a mí. Me quedé sentada como si no existiera. Cuando pregunté, mi mamá me dijo fríamente: "¿Para qué gastar dinero en ti?". Añadió: "Solo te mantenemos aquí por costumbre". Mi hermana sonrió con ironía. "No estás a nuestro nivel". Sonreí... y me fui. 6 de abril, 8:30 a. m.: dejaron un paquete en la puerta. Mi hermana lo abrió y gritó: "¡Mamá! ¡Mira eso!". "Papá... ¡algo anda mal!". Papá empezó a entrar en pánico. "Oh, no... ya no puedo contactarla".