El jefe de la mafia llegó a casa antes de lo previsto, y entonces su criada le agarró del brazo y le susurró: "No hagas ruido".

El imperio que había construido, el legado que había protegido, estaba siendo destruido por su propia sangre.

Pero el horror más profundo era darse cuenta de cuánto tiempo llevaba todo esto planeado.

¿Cuántas conversaciones había escuchado Marcus?

¿Cuántas cenas familiares habían sido en realidad misiones de reconocimiento?

Elena le susurró al oído.

«Hay algo más que necesitas saber», susurró, con una voz tan grave que le oprimió el pecho.

«No se trata solo de dinero o territorio».