Probabilidad de paternidad: 0.00%.
Iker no era hijo biológico de Mateo.
Julián no lloró. Guardó el documento y contrató a Roberto Cárdenas, un exinvestigador federal.
—Quiero saber todo de Renata —ordenó—. Con quién se ve, desde cuándo y qué esconde.
Tres días después, Roberto lo citó en una fonda de carretera. Sobre la mesa puso fotos, estados de cuenta y registros de hotel.
Renata y Bruno habían sido novios desde la universidad. Nunca terminaron. Iker era hijo de Bruno.
Pero el golpe final fue un correo viejo de Mateo a Renata:
“Soy estéril. Si mi madre se entera, me quitará del fideicomiso. Tenemos que mantener la ilusión. Iker es lo único que asegura mi herencia.”
Julián sintió que algo se moría dentro de él.
Su hijo no había sido engañado.
Había vendido la memoria de su madre por dinero.
Esa misma noche llamó a Mateo con voz quebrada.
—Hijo… ya decidí. El viernes firmaré el traspaso frente al consejo.
Y mientras Mateo suspiraba aliviado, Julián ya preparaba la trampa que los iba a destruir a todos.