Avery finalmente lo miró.
—Ya tienes lo que importaba —susurró—. Todo lo demás es solo mobiliario.
PARTE 2
El juez Carrington estudió a Avery detenidamente.
"Antes de aceptar este trato, necesito saber si alguien te presionó."
Avery negó con la cabeza. "No, Su Señoría."
"¿Alguien te amenazó?"
Avery hizo una pausa de medio segundo.
Eso fue suficiente.
El juez cerró el expediente.
"Antes de tomar una decisión, hay otro asunto que este tribunal debe examinar."
El rostro de Brent ha cambiado.
El juez se dirigió al alguacil. "Tráigala adentro".
La puerta del juzgado se abrió y entró una chica.
Llevaba un cárdigan amarillo, zapatillas blancas y sostenía con fuerza entre sus brazos un conejo de peluche desgastado.
Avery jadeó.
"¿Flautista?"
Piper era la hija de seis años de Brent, fruto de una relación anterior. Avery la ayudó a criarla, la quería mucho, le preparaba el almuerzo, le leía cuentos antes de dormir y la trataba como a su propia hija.
Brent se puso de pie rápidamente. "Su Señoría, mi hija no tiene nada que ver con esto".
—Siéntese —dijo el juez.
Piper se subió a una silla cerca del banco.
La voz del juez se suavizó. "Piper, ¿puedes decirnos qué me dijiste afuera?"
La chica miró primero a Avery.
Entonces susurró: "Papá me dijo que me callara".
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