Entonces le dio la vuelta…
Y todo se detuvo.
Grabado en letras diminutas:
JM – Elige el amor, siempre.
El pasado regresó de repente.
Lluvia. Risas. Una promesa que una vez creyó cumplir.
Un nombre que no había pronunciado en años.
—Lila… —dijo lentamente—. ¿Cómo se llama tu madre?
—Naomi Mitchell.
El mundo había cambiado.
Dieciocho años atrás, pensó que se casaría con Naomi.
La mujer que perdió cuando la ambición lo arrebató, y el silencio llenó el espacio donde el amor debería haber luchado con más fuerza.
Sin decir palabra, Jonathan sacó su billetera y puso 800 dólares sobre el mostrador.
El señor Collins asintió y le mostró la pulsera.
El rostro de Lila se iluminó.
—¿La compraste?
Jonathan negó con la cabeza suavemente.
—No —dijo—. Lo hiciste tú. Solo necesitabas que alguien completara el último paso.
Le devolvió los 50 dólares.
—Quédatelos —añadió—. Los necesitarás para algo importante algún día.
Unos minutos después, estaban frente a la tienda.
—¿Podemos dárselos ya? —preguntó Lila, apenas conteniendo su emoción.
Jonathan dudó solo un segundo.
—Sí —dijo en voz baja—. Vamos.
El camino fue corto.
El edificio era discreto. Deteriorado. Auténtico.
Lila se detuvo en la puerta y se giró hacia él.
—¿Estás nervioso? —preguntó.
Jonathan sonrió levemente.
—Un poco.
—No te preocupes —dijo ella—. Mi madre es muy amable.
La puerta se abrió.
Y allí estaba.
Naomi.
Mayor. Cansada. Pero sin duda era ella.
Por un momento, ninguno de los dos habló.
Entonces…