Risas mientras alguien lucha por respirar
El impacto fue brusco. El lago estaba frío. Doña Elena desapareció bajo la superficie y, cuando logró salir, sus ojos ya no tenían vergüenza ni nerviosismo… tenían terror.
—Ayuda… no puedo…
Intentó sostenerse del borde del muelle, pero la madera mojada hacía que sus manos resbalaran. La ropa empapada la arrastraba hacia abajo. Tragó agua. Volvió a hundirse.
Desde arriba, las risas.
—¡Graba, graba! ¡Esto está buenísimo! —dijo su nuera Patricia, levantando el teléfono.
—¡Abuela, actriz del año! —gritó su otro nieto, Mateo.
Su propio hijo, Ricardo, observaba con una sonrisa torcida.
—Solo quiere llamar la atención —comentó con indiferencia.
Ella volvió a salir a la superficie tosiendo, desesperada, aferrándose a cualquier posibilidad de no morir allí, frente a su propia familia.
Nadie extendió la mano.