—Eso no está bien, mamá.
—No te pedí opinión.
Rodrigo se levantó.
—Solo quería que alguien te lo dijera antes de que fuera demasiado tarde.
El sábado, la mansión se llenó de flores blancas, empresarios, políticos, influencers y apellidos pesados.
A las 8:30 de la noche, un automóvil negro se detuvo frente a la entrada principal.
El chofer abrió la puerta.
Valentina bajó con un vestido verde esmeralda, joyas antiguas y una elegancia que no podía comprarse de último minuto.
La música siguió sonando, pero 300 personas comenzaron a callar.
Isabela tardó varios segundos en reconocerla.
Y cuando vio quién descendía del otro lado del automóvil, sintió que el piso se abría bajo sus pies.
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