Antes de llegar al meollo del asunto, es esencial comprender cómo funcionan las relaciones hoy en día. La infidelidad nunca es un episodio aislado; germina en un suelo fértil de sentimientos sutiles que muchas veces pasan desapercibidos, sin que nos demos cuenta. Cuando el amor y el deseo ya no hablan el mismo idioma, aparecen las grietas. El amor busca cercanía, ternura y seguridad emocional. Se alimenta de rutinas familiares, rituales y tranquilizadores constantes. El deseo, en cambio, requiere espacio, sorpresas y un atisbo de lo desconocido. Esta oposición crea un círculo vicioso: cuanto más estable se vuelve la relación, más puede desaparecer la espontaneidad. Esto no significa que el amor desaparezca, sino que su intensidad disminuye si no se cultiva conscientemente. Es precisamente en este espacio intermedio, entre el amor sólido y el deseo que se desvanece, donde emergen las vulnerabilidades emocionales.
Otro factor crucial entra en juego, seg.