El mercado de esclavos más aterrador de la historia de Nueva Orleans (1958)

El mercado de esclavos más aterrador de la historia de Nueva Orleans (1958)

ba en la encrucijada entre lo profano y lo sagrado: el sacerdote caído en desgracia, el padre Jean-Pierre Maro. Dubois creía que Maro, como maestro de ceremonias de los rituales blasfemos del mercado, debía haber intuido la verdadera naturaleza del poder al que servía. El viaje del sacerdote para encontrarlo se describe como un descenso a un pantano físico y moral que reflejaba la corrupción de la ciudad.

No encontró a Maro en una iglesia, sino en una choza miserable construida sobre pilotes en los pantanos de cipreses al oeste de Nueva Orleans, un lugar de lodo, decadencia y silencio opresivo. El hombre que lo recibió ya no era el seguro intérprete teatral de los escenarios. Maro era un desastre. Su cuerpo delgado, sus manos temblorosas, sus ojos desorbitados por un terror que Dubois reconoció como profundo.

La autoridad que Maro había proyectado, incluso en su desgracia, se había derrumbado por completo, dejando tras de sí solo la sombra de un hombre atormentado por lo que él mismo había contribuido a desatar. El enfrentamiento, tal como lo documentó Dubois, no fue un interrogatorio, sino una confesión balbuceante y desesperada. Maro admitió haber sentido algo extraño la noche en que vendieron a Amara, una frialdad en el escenario que no era propia del mundo real.